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El amor por lo cotidiano

El amor por lo cotidiano

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 Hoy mi hijo pequeño, apenas 13 meses recién cumplidos, me mostró la belleza de lo cotidiano, una vez más…

Con toda su concentración y con sus más de 5 sentidos puestos en la tarea que le ocupaba (sacar y meter los tuppers del último cajón de la cocina) emanaba una energía especial, atractiva e ilusionante para quienes le observábamos sin que él se distrajera ni un segundo.

Acabó cuando consideró la tarea finalizada y con una gran sonrisa de satisfacción dibujada en su rostro se dirigió a la búsqueda de otra “labor”.

Intento ser consciente a diario, en pequeños instantes luminosos, de que nuestro ejemplo como padres, madres y educadores es, si cabe, mas importante que todas las palabras, libros y teorías juntas de todas y cada una de las pedagogías que voy abrazando y descubriendo.

El niño aprende por imitación, no sólo de los gestos y las acciones, sino de la emoción que las impregna, del sentido real de cada una de ellas, de la pasión con la que pelamos unas patatas, limpiamos unos cristales o barremos una escalera del polvo acumulado.

Y es esa pasión, esa energía vital e intensamente voluntariosa la que pone las raíces del aprendizaje posterior (el conceptual y abstracto) así como de la relación con el mundo que le rodea, la gestión emocional y la capacidad de resolver enigmas de un modo creativo e innovador.

Nuestro quehacer diario, nuestro ritmo frenético y nuestras vidas enloquecidas nos despistan de este ejemplo vital para con nuestros pequeños, grandes maestros del estar presentes, y es por eso que cuando, de pronto, me doy cuenta, me paro, respiro un instante y cambio el “tengo que…” por el  “juguemos a …”

 Cada mañana, cada nuevo despertar, cada gesto cotidiano se presenta ante nosotros como una posibilidad de recrearnos, reinventarnos, redescubrirnos y aprender a gozar, como niños, de la magia de lo cotidiano…

La Educación Creadora: Arno Stern

La Educación Creadora: Arno Stern

 

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“El adulto tiene el poder para destruir el juego espontáneo del niño. Y abusa de él, voluntaria o inconscientemente, con la idea de hacerlo por su propio bien. Y en cambio le causa un perjuicio, la mayoría de las veces irreparable.”

Arno Stern

Muchas de las cosas que he aprendido a lo largo de mi vida aparecen de pronto, como en una esquinita.

Nadie las dicta, ni las corrige, ni las dirige.

Es la propia curiosidad, ese vestido de luz, quintaesencia del aprendizaje, las ganas de descubrir más y más, las que hacen que como ebanistas, con una gubia y un cincel interioricemos poco a poco hasta lograr la filigrana.

Arno Stern se dio cuenta de esto hace ya muchos años y aunque durante mis años de universitaria jamás nadie me habló de él como artista de renombre, la vida me llevó hace años a su encuentro y yo, ferviente devoradora de los “antisistema educativos”, de los “autodidactas expulsados del academicismo”, y de los amantes del arte en todas sus variantes me lancé a investigar.

Este hombre es mucho más que un artista: es un pedagogo del arte, un entusista de la vida y la educación, un maestro sin título que ejerce desde el corazón con una paleta de 18 colores y lienzos en blanco sin juicio, ni directrices, sin desviar procesos ni voluntades, atendiendo a las demandas de los que a su Closlieu llegan para dejarse empapar por el color.arnostern

Hace ya tiempo que como docente y ahora también como madre me pregunto cómo es que el sistema tradicional de enseñanza se las compone para acabar destruyendo el amor por aprender, la curiosidad por descubrir, la magia de la sorpresa ante algo nuevo antes de los 7 años.

Hombres como Arno Stern nos sirven de brújula para no perder el norte…porque no se trata de cumplir objetivos ni de llegar a metas, bits de conocimiento o aprobar exámenes.

Se trata de encontrar el camino para relacionarnos con el niño, el alumno o con nuestro hijo desde el profundo respeto y admiración a su propio proceso. Cada pincelada, cada palabra, cada nuevo avance diario han de ser vistos, escuchados y respetados por nosotros sin juicio, sin valoraciones ni comparaciones.

Ser los acompañantes del proceso sin anticiparnos a sus necesidades, sin impedir que el espíritu libre del proceso de aprender se vea limitado, es una de las tareas más complicadas del adulto, y sin embargo, cuando logramos deshacernos del estrecho corsé de lo “establecido” es cuando por fín descubrimos que como por arte de magia las horas se transforman en minutos y una leve sonrisa de satisfacción cubre los rostros: estamos de nuevo ante el juego como motor.

Hoy este hombre genial daba una conferencia en mi ciudad, pero yo, me he quedado en casa con mis hijos jugando…