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Tarareo desde la Mujer que soy en vibración.

Tarareo desde la Mujer que soy en vibración.

mujer cantando

Nuestra voz se manifiesta en el ser humano como sello inéquivoco de lo que somos, de quienes somos, de cómo estamos y de lo que queremos.

La voz es el espejo claro de nuestra esencia, y como tal, nos aporta la información más preciosa sobre nosotros mismos.

Nuestro canto, a veces guardado en lo más profundo del alma, nos relata historias ancestrales llenas de sabiduría y de conocimiento femenino. Cantar nos sana por el mero hecho de cantar, independientemente de la técnica y de la “perfección”, porque lo realmente importante en estos términos es conectar con nuestra verdadera voz, la que nos cuenta de nosotras mismas, la que sin velos ni prejuicios puede vibrar en comunidad, salir de viaje y descubrirnos un paisaje cientos de veces mutilado por esta sociedad profundamente castradora de “lo salvaje” que habita en el ser humano, lo creativo, lo que se sale de la norma y de lo establecido.

Hace muchos años que conectar con mi cuerpo a través de la voz se ha convertido en una medicina porque me libero de las opresiones y de los bloqueos. Cantar, sin más, dejar que la voz salga en libertad, con la conciencia puesta en la dirección de esta vibración, uniéndome a otras voces, otros cantos, otras vibraciones, rearmonizan mi ser y me conectan con lo que soy.

Cantar aporta presencia a mi respiración y mi útero. Porque no sólo vibran mis cuerdas vocales, mi laringe…vibran mis músculos, mis fluídos y mis huesos y con ello, hago vibrar a todo lo que a mi alrededor está en ese momento. Y si logro concentrarme en esa vibración, hago que vibren mis recuerdos, las memorias, lo guardado en el cajón del inconsciente, vibra el feto que fui en el vientre de mi madre y todas las mujeres que me precedieron.

La música es emoción, de eso no hay duda. Y a veces me pregunto si todas las veces que nos mandaron callar cuando aún éramos libres en nuestra infancia, las veces que nos obligaron a cerrar la boca, a no quejarnos, a no gritar, a no decir… hoy busca liberarse a través del canto. Por eso, mi emoción se esponja, se libera, se equilibra cuando canto…sin importar si la nota es correcta, si la afinación es la justa, si va a tiempo con lo que es adecuado… mi cuerpo me pide abrir la boca y que el aire que fluye a través de mi laringe se transforme en sonidos, ondas vibratorias que lleguen allí donde habita la vida.

No es necesario saber música para cantar disfrutando…eso es otro cuento que nos contaron para acallar las voces vibrando en comunión sonora. Como no es necesario ser un chef para gozar de un buen plato de comida sabrosa, o  un pintor para comprender el sentido de una bella exposición.

Todos poseemos una voz única, como la huella digital sonora de lo que somos, y es un regalo liberarla de su prisión, desamordazarla, dejarla fluir y gozar del sonido único y maravilloso que poseemos.

Cantar me salvó la vida más de una vez…y no es metafórico…